Después de la Primera Guerra Mundial, Alemania se encontraba en un muy mal estado. Debía un montón de dinero para reparaciones de guerra. Esta cuestión fue tratada por los nazis, básicamente, negándose a pagar.
Si bien su poderío económico y militar le había permitido tener al resto de Europa a sus pies, la destrucción provocada por la Segunda Guerra Mundial y los horrores perpetrados por el nazismo la dejaron totalmente diezmada.
Durante la conflagración perdió a 6 millones de personas, entre civiles y militares, y quedó con sus principales ciudades en ruinas. Sin embargo, en pocos años se convirtió en una de las mayores potencias económicas e industriales del mundo, con altos niveles de bienestar social. Hoy es uno de los pocos países europeos que mantiene bajas tasas de desempleo y que casi no sufre las consecuencias de la crisis financiera de 2008.
Y a pesar de haber protagonizado el mayor genocidio de la historia occidental, con el exterminio de millones de judíos en los campos de concentración, tiene hoy una de las democracias más consolidadas y plurales del planeta. A diferencia de muchos de sus vecinos, que tienen serios problemas de discriminación hacia las minorías y los inmigrantes, construyó una sociedad con una elevada integración y diversidad cultural.
Este proceso es lo que algunos economistas y sociólogos denominan el milagro alemán. Pero tuvo poco de milagro. Hay causas muy puntuales que permiten explicar lo que pasó.
1. La capacidad industrial instalada previa a la guerra
2. La ayuda de Estados Unidos para la reconstrucción
3. Una clase obrera calificada y con deseos de trabajar
4. Un elevado capital humano
5. Un país sin ambiciones políticas
6. Priorizar la economía real por sobre los mercados financieros
7. Una economía mixta, con equilibrio entre el mercado y el Estado
8. Partidos políticos fuertes y muy institucionalizados
9. Un sistema político moderado, sin extremismos
10. Una política pluralista, que apuesta al diálogo y al consenso
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